martes, 17 de noviembre de 2009

Criminalizar siempre es publicable

Cierto es que todos los que hemos trabajado en medios locales de ciudades medianas, como es el caso de Córdoba, sabemos de la dificultad de encontrar noticias cada día. Pero esa circunstancia no debiera ser una excusa para que la ética periodística salga del cauce idóneo. Es decir, que la creación de noticias, ante hechos que no son del todo publicables, que es lo que en este blog se busca denunciar, no puede ser la salida fácil al laberinto de lo poco noticioso.

Me gustaría mirar aún más con lupa aquellas noticias que circulan en la delgada línea entre la justicia y el periodismo, y que fácilmente tienen como sábana que cubre cualquier metedura de pata, el recurrente pretexto de que es un tema que hay que denunciar, y que la sociedad demanda saber qué está ocurriendo. Lo escabroso aparece cuando esa denuncia se hace llegar en forma de amarillismo. En el periódico del lunes 16 de noviembre de 2009, del Diario Córdoba, se publica una entrevista que sale incluso en portada, a un policía local que durante su servicio atropelló a una mujer en la Avenida de Almogávares de la capital califal. En la entrevista el policía, Sergio Pino, asegura que la muerte fue causa de un accidente desgraciado, y que no pudo hacer nada para evitarlo. Es más, el titular son sus palabras: “Grité, frené y giré pero no pude hacer más para evitarlo”. Que duda cabe de que estas palabras recurren al titular fácil, el que busca lo superficial del caso, pero yo quisiera adentrarme más en la raíz del asunto, que bien me ayudaría a la elaboración del blog.

La entrevista al policía, según el medio y el propio protagonista, responde a la versión de la familia de la víctima, en la que se tilda al policía poco menos que de un monstruo de la carretera que con su gran moto atemoriza a todos los viandantes. Bien, me parece correcto, que el policía quiera lavar su imagen. Pero si su imagen ha sido dañada, los medios de comunicación ya han tenido algo que ver para que esto ocurriera. Si el Diario Córdoba no hubiera alimentado la versión de la familia, y se hubiera dedicado tan sólo a contar la versión oficial de los hechos, y a relatar aquellas investigaciones del periodista que hubiera hecho contrastando las fuentes, no hubiera sido necesaria la entrevista al policía. Y con ello no se habrían creado dos bandos en la ciudad, el que cree a la víctima, y el que piensa igual que el policía. Además de los daños que esta forma de hacer periodismo puede hacer en el policía, por ejemplo, si es cierto lo que el dice, el daño más grande se hace a la práctica profesional, que antepone la creación de polémica por encima de publicar sólo aquello que es verificable y veraz. No hablo de repercusiones judiciales, sino de actuar en conciencia, y pensando en lo que puede ocurrir con una noticia, un párrafo o una palabra. Y desde luego, hay que tener mucho más cuidado en los casos en los que los damnificados son personas.

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