
Ella lucha por sí misma. Un animal televisivo la llaman. Su hija, su imagen, sus frases más reconocibles están en boca de todos. Belen Esteban, llega incluso hasta este blog. Y siendo simplemente cómo es. Una mujer de la calle, del pueblo, como el Rey. Cae bien.
La suerte que tienen algunos.
Sus logros para colarse en este blog que intenta analizar la actualidad periodística, es su última operación de cirugía estética, que le ha modelado su aspecto, en concreto su nariz y boca. Todo ello en aras de la infame designación de Telecinco para que presente las campanadas. El programa de "La Noria", sospechoso de su poca coherencia periodística, organizó anoche un debate sobre las ventajas y desventajas de la cirujía estética. Y cómo no, allí estaba Belén para aportar un testimonio, que cualquier otra paciente podría haber hecho con mucha más elegancia, argumentos y clase. Pero, ¿para qué? Si la audiencia manda, y Belen decide. El proyecto de juguete roto "Esteban", se cargó de tópicos, de fáciles consejos a las mujeres que no se sienten bien con su cuerpo o cara, y lanzó gritos a diestro y siniestro para defender su mal entendida libertad femenina.
No voy a entrar más en mi opinión acerca de tema porque no es el caso. Lo que me enfurece es la forma de tratar un tema tan conflictivo para algunas personas. Incluso después de trasplantes obligatorios de cara, donde multitud de médicos y cirujanos nos han hablado sobre la importancia que tiene que tener un caso para que médicamente sea oportuno entrar en quirófano, llega la tropa de La Noria para defender la estética a base de dinero por encima de todo. Y para ello qué mejor que llevar a Belén que se movía por el plató como si fuera ese muñeco nuevo que el niño ha recibido en su noche de reyes. Lamentable sensacionalismo, sí. Pero habitual.
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