Quizá, a estas alturas de mi blog, haya algunas personas que hayan leído mis entradas y no sepan muy bien adonde quiero dirigir mis críticas. O tal vez yo sea excesivamente pesimista conmigo mismo. O incluso puede ser que el tema elegido no sea el más atractivo. Es como una de esas mujeres (u hombres, tranquilas, yo lo miro desde mi perspectiva de macho) atractiva, perfecta, correctísima, con la que todos estamos de acuerdo, pero que sigue soltera a los 40 años porque no pone a nadie en el estado más animal que existe. Puede ser. Por eso, creo que necesitaba un gancho, algo que la gente leyera porque interesa. De pronto me he dado cuenta de que he pensado igual que un redactor-jefe. No he pensado en lo correcto, sino en lo atractivo. Lo ideal sería que ambos adjetivos se unieran en una misma noticia, entrada de blog o pareja, pero no siempre ocurre. Digamos que esta es mi aventura de una noche. Mi polvo rápido en el coche con una desconocida. Permítanme introducirme en el amarillismo. Yo al menos lo confieso.
El 11 de marzo de 2004 es una fecha muy recordada en nuestro país. Es evidente. Murieron 192 personas. Pero la ficción intentó superar a la realidad. Como si el libro no hubiera tenido un horripilante principio con una explosión que combulsiona una ciudad, un país y hasta sus elecciones, la prensa de un sector de la sociedad, (la derecha, ¿para qué eufemismos?) quiso enmascarar lo que estaba ocurriendo. Igual que un niño cuando rompe un jarrón, y guarda los trozos separados debajo de su cama esperando a que todo se descubra. Pero ya mañana será. El objetivo del gobierno era el de esconder la mierda tres días. Hasta el domingo 14, cuando se celebrarían las elecciones a la presidencia, en las que Mariano Rajoy partía como favorito en todas las encuestas. La misión parece fácil estando en el poder desde luego. Pero el error fue acusar a los enmascarados y revolucionarios vecinos de arriba. Y el error de una parte de la prensa fue el de no querer investigar, o seguir premisas del gobierno.
Según un estudio de la Universidad Abat Oliba de Barcelona acerca de la actuación de los medios durante los primeros días tras el atentado, existe una gran diferencia entre los periódicos afines a la derecha e izquierda. Desde aquí no quiero romper una lanza en favor de prensa como El País, o El Periódico de Catalunya. Lo que sí quiero dejar en evidencia es que el acatamiento del periodismo al poder, sólo puede conllevar descenso moral y deontológico. Es evidente, y se ha hablado suficiente. Pero mi verdadera crítica va hacia que quizá esos medios se subieron al barco de la versión oficial para conseguir beneficios económicos. Nunca se había dado una situación tan dramática y de necesidad de elección rápida en la manera de hacer las cosas. El camino de la investigación, o el rumbo de la sumisión al poder. Es palpable que hubo varios medios que atribuyeron a ETA la barbarie, tal y como lo hizo el Gobierno. Y ganarse unos cuantos lectores a tenor de lo que indican las cifras. Para ABC, sobre todo, La Razón y La Vanguardia no hubo tesis más fiable que la de ETA. El País y el El Periódico de Catalunya vieron en estos días una fecha clave para el periodismo español, para su responsabilidad con el ciudadano y para su capacidad de saber la verdad. O buscarla. En este caso el amarillismo tenía el camino muy fácil. Simplemente acudir a las ruedas de prensa de Acebes y sus secuaces y emitir su corte. No hizo falta inventar.
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