jueves, 14 de enero de 2010

11 M Segunda parte (O dejadme seguir pensando que anoche me acosté con ella)

Existen momentos en la vida en los que es mejor despertar. Como cuando tu chica te dice “oye me gusta otro, no sé cómo demostrártelo” mientras se besa con su nuevo pasajero. También existen estos momentos en el mundo laboral y profesional. En esos casos lo mejor es pedir perdón si es necesario, y a seguir cada uno con su vida. ABC, La Razón y El Mundo tuvieron esa oportunidad y no la aprovecharon. La Vanguardia sí. Es mejor ser mal periodista que mentiroso. Lo primero se puede perdonar. Lo segundo atenta contra la dignidad ciudadana.

Es 15 de marzo, lunes. Zapatero ha ganado las elecciones y las investigaciones policiales ponen su punto de mira de manera total en Al Qaeda o una escisión de Al Qaeda. ETA ha dejado de tener su protagonismo falso (siguen siendo unos asesinos) y el asunto se va aclarando. España es un hervidero. Que si el PSOE no respetó el día de reflexión, que si Rajoy aparece en El Mundo defendiendo la tesis del Gobierno… Lo lógico es que Aznar, Acebes y Cía se lleven el rapapolvo general, que los medios de comunicación que los creyeron pidan perdón por su confianza plena en el gobierno (que es lógica, son los que se supone que mandan) y se sumen a la repulsa contra los terroristas islámicos. España no es un país lógico ya lo sabemos. No sabíamos lo que nos quedaba…

Lo que nos quedó fueron decenas de portadas de Hearst español, Pedro J. Ramírez, cuestionando la investigación del 11M y la labor de los jueces, libros hablando de una trama tejida por el PSOE para volver al poder con el balance de 192 muertos (nunca un golpe de estado hubiera salido tan barato, que se lo digan a Franco), y un tufo impregnado en las mentes más conservadoras que decía pero no afirmaba, que dudaba pero no cuestionaba. Que creaba desconcierto en definitiva. ABC estuvo hábil y se alejó de esa estrategia. El Mundo lo agradeció arrebatándole miles de lectores, y escalando al segundo puesto de los periódicos más vendidos. Sensacionalismo práctico.
Lo que quiero decir con esta historia, en la que me he saltado muchos hechos oficiales, las causas del 11 M con la guerra de Irak a la cabeza, el juicio a los actores de la barbarie, la posible mala actuación de la Policía a la hora de desbaratar el plan… Todo eso se puede discutir. Pero lo que no se puede defender es que hubo varios medios que aprovecharon el momento para catapultarse en el número de ventas y eso es simplemente deleznable. Que ningún experto, salvo los suyos, ha dado viabilidad a su versión. Que se descubrió que pagaron científicos para que cercioraran que la dinamita utilizada era la de ETA. Que se han descrito tramas absurdas de unión entre la banda terrorista vasca y Al Qaeda. Que el amarillismo renació en su máximo esplendor, y la creación de noticias a través de suposiciones, pudo cambiar la historia del país. Hizo algo peor, cambió la mente de millones de ciudadanos. Porque sus seguidores los tiene. Así acaba la etapa en la que la fabricada guerra de independencia cubana por parte de un periódico norteamericano, renació en las vías de tren de Atocha y las redacciones de algunos de los más importantes periódicos de nuestro país.

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